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Para los que ya me conocen este tipo de frase no les sonará nada extraña, para quienes no saben mucho sobre mi, es un buen comienzo. Esta frase refleja muchas cosas sobre las que a diario hablo en mi consulta a mis pacientes, a quienes intento explicar como el cerebro es en definitiva el principal órgano involucrado en el dolor, y por tanto es el tejido que mas hay que cuidar cuando hablamos de dolor.

El cerebro será el encargado de procesar la información recibida desde los tejidos ( no siempre será así, como veremos, existen receptores, y «caminos», pero debería ser así ) evaluar si existe un daño consumado o potencial ( palabra clave para entender otras cosas sobre dolor) sobre ellos y traducir esa información en una percepción concreta que llamaremos dolor, existen diferentes tipos de dolor en el organismo dependiendo del tejido que esté involucrado y de la intensidad de la lesión ( un día podremos entretenernos con esto en otro post) , desde luego no es lo mismo quemarse que recibir un golpe y por tanto la significación que dará el cerebro o mejor dicho la importancia ( peligro ) variará, pero la intención ultima del cerebro siempre será la misma, enviar una respuesta de alarma ante un peligro.

Hasta aquí mas o menos la cosa va bien, yo estoy recibiendo un daño, o ya se ha consumado el mismo, mi organismo me da una alerta por que esto es peligroso para mi. La señal de alerta ( dolor en este caso) es una cosa a priori positiva, me salva de una lesión mayor o me avisa cuando algo me ha pasado.

El problema sobreviene cuando nuestra “evolución” como especie y luego como sociedad nos confirieron una alta capacidad de interrelación de áreas de nuestro encéfalo y resto de tejido neural, y nuestra alta capacidad para generar recuerdos, previsiones, predicciones, memoria, etc. esto al principio fue una cosa sumamente positiva ( siempre hay que recordar a los evolucionistas que sostienen que si no hay alguna ventaja para algo el organismo la desecha) , nos permitía saber que eso era nocivo, que nos podía dañar, y que ademas de generarnos esa señal emocional disgustosa ( dolor) las consecuencias de ello podían ir mas allá de solo eso, por ejemplo podíamos morir o pasar hambre por habernos lesionado, por tanto generábamos un recuerdo y hacíamos una predicción .. “bendito dolor!”… así aprendimos, y así enseñamos. Si, enseñamos.

Como muchos habrá oído alguna vez y a otros le invito a conocer, el ser humano cuenta ( al igual que otros primates ) con unas neuronas llamadas, “espejo” relacionadas con la capacidad de aprendizaje por imitación. Puedo hacer lo que el otro sin necesidad de explicación, allí empezamos a ver e interpretar las caras dolorosas de las personas e imitar sus gestos de dolor, aunque no los estuviéramos sintiendo, estas neuronas espejos también son las de la empatía en gran medida.

Con el paso de las generaciones el ser humano dejó de tener necesidad de experimentar y graduar por si mismo el dolor, ya teníamos “educadores”, nuestro entorno próximo, nuestra familia y núcleo social,  ellos comenzaron a encargarse de manera previa a hacernos evitar ( cosa que bien hecha es muy buena ) y también en parte de graduarnos la importancia de nuestro propio dolor….¿cómo?…con sus propios gestos, caras  y preocupaciones cuando recibíamos un daño o con la importancia posterior ante un episodio doloroso, y según parece desde antes de nuestro primer dolor físico ya empezamos a programarnos, a través de la respuesta a nuestros primeros episodios de sufrimiento emocional, el neurólogo y psiquiatra Boris Cyrulnik ( por favor lean “de cuerpo y alma”) dice que primero se manifiesta el sufrimiento y luego mas adelante el dolor, pero en sus estudios experimentales con resonancia magnética , el encéfalo humano activa áreas similares y a veces conjuntas ( lógicamente ) cuando experimentamos dolor que, cuando, experimentamos por ejemplo rechazo social o duelo emocional. Por tanto hace muchas generaciones que nuestro dolor dejo de ser una señal desde los tejidos hacia el encéfalo e interpretada por este de una manera pura, nuestro cerebro ya tiene experiencias previas, de generaciones previas que han ido moldeando nuestra respuesta conjunta al dolor  ( y al sufrimiento).

Por tanto nos encontramos actualmente que ante una percepción de daño consumado o potencial (por favor sigan al neurólogo Arturo Goicoechea, estas palabras son suyas sobre dolor) nuestras neuronas realizan una interrelación con muchísimas circunstancias!!!…. ¿tuve este dolor antes? ¿si, no? ¿cómo se resolvió? ¿lo tuvo alguien? ¿qué le pasó? ¿qué estaba haciendo cuando me paso? o mejor dicho ¿como eran mis circunstancias al momento de recibir la información? ¿qué me “enseñaron” cuando era pequeño sobre esto? ¿qué dice google? ¿cómo se me va a ir? ¿se me va a ir? ¿y si no se me va? ¿y si es algo mas? ¿estaré haciéndome mayor? ¿esto lo tenia mi madre? ¿cómo me sentí? etc, etc, etc… todas estas circunstancias relacionadas, con recuerdos propios y ajenos, con predicciones, con expectativas y sentimientos, se unen neuronamlemte para dar una respuesta conjunta ante esa señal primera que a priori era positiva y que solo era una alarma para que no me fuese a mas algo o para tomar medidas mas o menos importantes si las calibraba de manera “natural”.

Por tanto esto del dolor es un “mejunge” ( como dice mi mujer ) en donde las neuronas de nuestro cerebro tienen muchísimo mas que decir de lo que a veces parece, que esto de “tomate una baya” ( en relación a la Bayaspirina, marca comercial argentina de la aspirina de Bayer) que me decía de manera sistemática mi madre ante un dolor, debemos empezar a saber que no es así. Por que? por que luego, experimentar una circunstancia similar a las cuales tuve una experiencia dolorosa o de sufrimiento me pueden despertar una memoria dolorosa en ausencia de lesión consumada o potencial, el cerebro “equivocado” dará una alarma a mis áreas somatosensitivas que en aquel momento sufrieron y tendré dolor, mientras mas veces me acerque a esas circunstancias “extra” (estrés, miedo, tristeza, ansiedad, o lo que sea que haya “linkado” mi cerebro con algún proceso doloroso) mas fácilmente tendré dolor ( sin tejido dañado ahora ) y mas habitualmente lo podré generar.

Y que hacemos ?? educar bien en dolor y también reeducar nuestro propio dolor… queda mucho por aprender y mucho mas por enseñar, todos debemos implicarnos en esta educación por que las generaciones siguientes puedan tener una mejor relación con el dolor y que este vuelva a ser una señal beneficiosa.